
En la cripta, de la Iglesia de la Recolección, les cuento de un fantasma azul que se parece a los que trasnochan buscando acomodo en brazos de mujeres ladinas, abusivas y resbalosas. Da miedo el bandido. Más, no deja de ser divertido cuando intenta espantar. El otro día me salió al paso. Me vio con ojos de brazas y aliento a cushusha que no es lo mismo a cucusa.
Me dijo -pisto o susto- ¿y qué creen? Medió un susto de once mil puntos… Yo andaba sin plata.
Fantasma más hediondo, bolo desasiado, hijo de la gran familia de demonios.
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