
Ante lo inexplicable, lo extraño y sin poder comprender, surge el mito, que viene con el miedo imaginario.
La imaginación -atributo único de nuestra especie- nos vuelve supersticiosos capaces de crear fetiches, budús, imágenes, semidioses y dioses.
Aún cuando la ciencia nos explica la razón y el porqué del rayo, se lo atribuimos al dedo poderoso de Dios.
Cuando nos explica la ciencia, cómo funciona la vida y el ordenamiento natural del Todo, lo que existe -no lo creemos- por eso imaginamos que hay un poder místico y celestial que lo hace funcionar.
Es incomprensible, por ello tiene el color maravilloso de nuestra creatividad milagrosa.
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