Sé que muchos recuerdan con dolor y pesar el terremoto del año 76. Una madrugada que se tragó a miles de personas que dormían con la esperanza de un nuevo amanecer.

Todo cambió. Ocurrió así: un sismo de 7 grados en la escala sismológico de Mercalli, (comentan los expertos) sacudió el territorio del país, Guatemala.  Pero para Juan Luis que se levantaba muy temprano, se montaba en su bicicleta y se iba pedaleando al ritmo del rechinar de su vehículo, hacia la fábrica a relevar a su compañero que celaba la entrada, fue un golpe el que lo lanzó por los aires. Aturdido escuchó el escalofriante resongar de la tierra que no dejaba de estremecerse, y de inmediato gritos y personas que habían podido correr, en paños menores, salvando sus vidas mientras todo se venía abajo derrumbándose sin misericordia.

En la trifulca Juan Luis gritaba, «No es para tanto. No sé preocupen estoy bien. Me caí de la cicle… eso fue todo».

Su última evaluación psiquiátrica confirma que sigue creyendo que fue su culpa que todo se haya caído, que los miles de fallecidos fue debido al estrepitoso accidente que tuvo en su bicicleta.

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