
NOTA: Esta es la decima entrega de nuestra nueva serie de cuentos inspirados en los inventos y avances del pueblo de la República Popular China.
El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
Confucio
–Lo que me asombró del calendario chino es que, solo con saber el animal que nos corresponde, la gente sabe cuántos años tenemos. En el maya, en cambio, es por día. Ahora que tenemos internet, podremos sacar nuestro nawal o ch’umilal o misión de vida. Hoy mismo sacaré el mío –pronunció María.
–Y usted, María, ¿dónde nació? –preguntó Francisco.
–Yo nací en la ciudad de Guatemala, esta es mi tierra –contestó María.
–Le pregunto porque en China todas las personas sabemos el animal que nos corresponde por el año de nacimiento. Pensaba que en Guatemala era igual o similar con respecto al calendario maya. Creí que todos sabían de su misión, o estrella-ch’umilal, porque es un conocimiento maravilloso –dijo Francisco.
–Tengo 37 años de vivir aquí y no he tenido relación con los pueblos originarios. La verdad, no sé por qué. La vida transcurre y parece normal que no nos relacionemos. ¿Será que seguimos siendo parte de la Colonia que los esclavizó? ¿Cómo podemos dejar de ser parte de esa cruel Colonia? –preguntó María.
–¿Pero usted es cristiana? –preguntó Francisco.
–Sí, sigo el mensaje de amor de Jesús –contestó María.
–¿Y ese amor es también para los pueblos originarios? –volvió a preguntar Francisco.
–Sí, claro que sí. Pero no los conozco, no tenemos relación. Les aseguro que estamos cambiando. Pedro Mei sí sabe de su ch’umilal; lo estamos educando para vivir en paz con los demás pueblos que Dios colocó aquí –respondió María.
–¿Sabe usted, mi amiga María, lo que significa su nombre? –dijo Pablo.
–La verdad es que no sé. ¿Qué significa? –preguntó María.
–María significa “la mujer que quita las amarguras”. Y parece que va a poner en práctica su nombre con los pueblos originarios –añadió Pablo.
–Nuestra realidad, cuando se coloca frente a nuestros ojos, me da mucha pena. En la Constitución Política se escribe sobre los pueblos originarios, pero se agrega el artículo 70, donde se establece que debe regularse con una ley ordinaria todo lo relativo a esos pueblos. Desde 1986 hasta hoy, 39 años después los diputados no han querido aprobarlo. Eso es tremendo y parece que no hay salida –agregó Pedro Mei.
–La realidad de los pueblos originarios está en las palabras de un pastor muy conocido, que también es rector de una universidad. Cuando fue ministro de Relaciones Exteriores, sucedió la masacre de Alaska y, ante las protestas, dijo: “¿Por qué tanto problema, si solo eran indígenas?” –recordó Cristóbal.
–Pero eso pasa en todas las iglesias. Yo quiero saber: si llego a China, ¿podré asistir a mi iglesia cristiana? –retomó el tema María.
–Nuestra Constitución Política –dijo Francisco–, en su artículo 36, garantiza la libertad de creencias religiosas, pero establece límites: no se puede utilizar la religión para perturbar el orden público, dañar la salud o interferir en el sistema educativo. También se prohíbe la coerción para obligar a una persona a creer o no creer, y ninguna religión puede estar sujeta a dominación extranjera. Además, protege a quienes no profesan ninguna religión.
–Pero eso es tratar de adaptar las religiones al socialismo –dijo Marcelo.
–Algunas personas piensan así. Lo que sé, por haber vivido en China casi toda mi vida, es que sí hay iglesias de las religiones más conocidas. Claro, no se pueden colocar banderas de otros países dentro de ellas, porque sería una muestra de dominación –agregó Francisco.
–Papá me aconsejó que no hablara ni de política ni de religión. Esos temas siempre terminan en pleitos –intervino Pedro Mei.
–En China también evitamos hablar de esos temas. Tenemos como norma desearle a cada persona lo mejor. No entiendo cómo alguien puede desearle el mal a otra persona u odiarla. Ponemos en práctica las palabras de Confucio: “Si odias a una persona, ya te derroto” –dijo Francisco.
–A mí ya me quedó claro lo de las religiones en China. Sé ahora que puedo practicar mi fe. Marcelo podrá ir a misa y mi hijo, que no quiere religión, es respetado en nuestra casa. La religión no domina nuestras vidas, pero aceptamos sus recomendaciones cuando son buenas. Quisiera preguntar sobre Confucio y su influencia en la vida de los pueblos de China. También si dentro del Pueblo Maya existe algún personaje similar –añadió María.
–Ya el tiempo nos avisa que debemos partir hacia Tecpán, a nuestras montañas que nos esperan con su sonrisa de atardecer. Si los dueños de esta acogedora casa nos permiten, volveremos a reunirnos el próximo sábado para hablar sobre Confucio y otras personalidades chinas y mayas –propuso Cristóbal.
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El silencio es el único amigo que jamás traiciona. Confucio (Fotografía: Gemini).

