
NOTA: Esta es la decima tercera entrega de nuestra serie de cuentos inspirados en los inventos y avances del pueblo de la República Popular China.
Había llegado el otoño al árbol de la vida, y las hojas como las horas y minutos caían suavemente. Sabían que después del otoño vendría el invierno con su abrazo de nieve, para despertar nuevamente la primavera y recibir las flores. Así como las estaciones esperan su turno, también los seres humanos de este grupo esperaban volverse a encontrar. Cada estación tiene su encanto y se nutre de la esperanza de renacer cada año.
Llegaron con alimentos mayas y xinkas, que son poesía para la salud: miles de años condensados en esos sabores. El más triste era Pedro Mei. Él había encontrado un camino mediante una tarea escolar y ahora ya no tendría esos sábados con maestros de la vida. Pero no imaginaba lo que iba a suceder en este almuerzo.
–¡Ya los estábamos esperando! Nos encanta la puntualidad de este grupo. Por eso dicen que siguen la “hora maya”. Quedamos a las doce y son las once con cincuenta y ocho minutos. ¿En China la puntualidad es un principio, o será como en Guatemala, donde inventaron la “hora chapina”, que significa media hora tarde? –preguntó Marcelo.
–En China la puntualidad es una muestra de respeto por el tiempo de los demás. Es un compromiso con la comunidad. Llegar tarde es una falta de cortesía. En lo relativo al trabajo, significa dedicación y responsabilidad. Con el aumento del tránsito de vehículos se ha flexibilizado, pero siempre hay que llamar y avisar si se llegará tarde –aclaró Francisco Ajpwaq Chang.
–Ya se están calentando los boshboles, y el mushque se come frío –me dice Cristóbal–. Además, hemos preparado helados de las fresas que trajeron. Bueno, lo preparó mi hijo Pedro Mei –anunció María.
–Pasemos a la mesa, por favor, y sigamos conversando sobre la energía que brota de este grupo. La energía no muere, solo se transforma, y eso quiere decir que seguiremos juntos por otros medios. Mi hijo está muy triste, pero esa tristeza debe convertirse en una promesa grupal de seguir sembrando esta energía de amor –invitó Marcelo.
–Esta energía de amor nos debe enseñar que el poder del amor sea más grande que el amor al poder. Vengo a comprometerme con ustedes: llevaré a Pedro Mei a China con una beca para aprender mandarín. Soy el encargado de esas becas, y si decide estudiar en China, será un honor para mí –se comprometió Francisco Ajpwaq Chang.
–Pero ¿dónde viviría? –preguntó María.
–En mi casa. Cuando el autobús se llenó y se marchó, ustedes nos dieron dónde dormir y nos hicieron familia con Cristóbal. Nos abrieron su casa, y eso en China significa que nos abrieron su corazón, donde late el amor –respondió con una sonrisa Francisco Ajpwaq Chang.
–Que amar sea nuestra misión. Amar a los pueblos es nuestro camino, y defendámoslo como leones. Les digo leones porque mi apellido, Cojtí, significa “carne de león”. No sé qué significa Cristóbal, pero defenderé a este grupo y su misión como un león –anunció Cristóbal Cojtí.
–La propuesta que traigo es que sigamos reuniéndonos los sábados mediante internet. Si alguna persona no puede, avisaremos, como hacen en China cuando por el tránsito llegan tarde. Estoy muy contento como indígena kaqchikel, y mi corazón nada en aguas de felicidad, porque nunca sentí la más mínima discriminación en este grupo –habló Cristóbal Cojtí.
–¡Ya no estoy triste! Voy a ir a China y aprenderé mandarín. Perdona la pregunta, Francisco: ¿podrán visitarme mis papás en China? –preguntó Pedro Mei.
–Desde ya ofrezco mi casa para su estancia. Los llevaremos a conocer nuestras costumbres y el amor que tenemos por cada persona en este planeta lo volcaremos sobre ellos con agradecimiento –agregó Francisco.
–Y ahora me corresponde dar una noticia que nos alegrará muchísimo. Lo acabo de saber hace cinco minutos al hacerme una prueba de embarazo: sí… ¡Estoy embarazada! Y Pedro Mei tendrá una hermanita o hermanito –anunció María.
La noticia encendió de amor la reunión. Con un abrazo grupal se alimentaron de esperanza y de amor por los pueblos del mundo.
Xk’is – Fin
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