
Como si estuviera loca. Aquella mujer subió a la pista, tal como vino al mundo. Se trenzó en el tubo y giró tirando al viento su cabellera suelta. La música, más estremecedora que su cuerpo, parecía que la tenía atrapada en frenéticos movimientos. Lo peor de todo, fue ver a los hombres, la mayoría borrachos, ignorarla, todos discutían de fútbol, política y hacían catarsis entre compadres.
Un señor, que bebía solo, al extremo de la barra o pista, fue el único que no le quitaba la mirada de encima. En un giro que dio la desnuda, con la cabeza echada hacia atrás, se dio cuenta que el único que la veía era…. ¡Papá!
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