El Rincón -más conocido como el Callejoncito- frecuentado por la plebe del INVAL (dejó muescas) de buenos bolatines, entre abanderados, escoltas de bandera y cuadros completos de honor -todos estudiantes antigüeños y de todo el territorio nacional- muchos exiliados de sus pueblos.

En este lugarcito vi llorar a muchos jóvenes (maldiciendo) a los Cuaches de Estadística y pedagogía; a don I. López de matemáticas; también en contra del moreno Spoldyn y de Rafael de la Oz, -los dos maestros de inglés-. También vi llorar de borrachos a estos patojos por Blanquita, la Colo, las Café Aspirinas y muchas chicas más, pero en brazos de las ménades de esta cantina.

Algunos chiquitillos y otros grandes caballos de Ubico se tomaban entre uno y dos octavos y se armaban de valor para ir a dar serenata a la novia del Instituto. Ya no terminaban llegando, se quedaban jugando chamusca en el callejón, hasta cuando -el que metía el último gol- y ya había amanecido.

A esas alturas los equipos tenían Madrina (dos peperechas del bar) y ellas, emocionadas, los premiaban con Coca Cola.

Supe (espero no estar mal informado) que el golpeador apodado Camotillos de Güisquil fue novio de una de estas disolutas patojas.

De estos buenos amigos, sólo quedan recuerdos.

   

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