
NOTA: Esta es la decima primera entrega de nuestra serie de cuentos inspirados en los inventos y avances del pueblo de la República Popular China.
La marcha sobre el río Yangtsé comienza con un paso.
Mao
El invierno vino a visitarnos y todo lo vegetal acompañaba al grupo con alegría. Lo verde se encendía y los árboles saludaban con su presencia. Guatemala significa: Tierra de árboles. Ahora también la llamamos Chi Iximulew, Tierra del Maíz.
Cristóbal y Francisco viajaban en el autobús hacia la reunión del sábado en la casa de María y Marcelo. Pedro Mei investigaba sobre la corrupción en Guatemala. Mario Recinos quería escribir un poema para el grupo y Pablo Pérez llevaba diez pescados para el almuerzo. Las sonrisas mostraban dientes del color del maíz blanco.
–¡Bienvenidos y gracias por estos pescados! –saludó y agradeció María.
–Hoy me citaron a una reunión de los alcaldes indígenas para analizar la creciente corrupción en Guatemala. Parece que somos impotentes ante esta desgracia. No tenemos un solo centavo de ayuda y muchos alcaldes electos con el sistema electoral del gobierno, aunque no todos, están sumergidos en una corrupción nunca vista –dijo Cristóbal.
–Se tiene que encontrar una solución a este problema. No creceremos como país y las nuevas generaciones no deben estar condenadas a este sistema corrupto. ¿Qué hicieron en China contra este mal que crece en el mundo? Si están creciendo de una manera tan grande, ¿eso significa que detuvieron la corrupción? –preguntó Pedro Mei.
–En China hubo infinidad de casos de corrupción en el pasado, pero se publicitaron y se detuvieron. Solo sin corrupción se han logrado los avances económicos y tecnológicos. Para ello se realizaron investigaciones y se enviaron a prisión a funcionarios corruptos. Les pondré un caso muy conocido a nivel mundial: el del exministro de Agricultura Tang Renjian, condenado a pena de muerte con suspensión de dos años. Eso significa cadena perpetua si no comete más daños. Le confiscaron todos sus bienes personales, le quitaron los derechos políticos de por vida y todo lo mal obtenido pasó al tesoro de China.
Nuestro presidente, que vivió en la pobreza, Xi Jinping, ha ordenado tolerancia cero contra la corrupción. Ya van más de un millón de funcionarios condenados, incluidos el ministro de Defensa y altos cargos del partido. Pero para eso los poderes del Estado deben estar al unísono contra la corrupción. No me atrevo a hablar de Guatemala por respeto a sus leyes y soberanía –explicó Francisco Ajpwaq Chang.
–Cuando los poderes del Estado fueron separados, no divididos –porque al dividirlos uno queda influenciado por el otro–, se logró respeto. En China tenemos un solo partido político –añadió Francisco con una sonrisa que denotaba alegría.
–En Guatemala navegamos sobre un mar de corrupción. Nuestra Constitución Política debería contener los principios de una convivencia armoniosa y pacífica, y proveer mecanismos para corregir las diferencias naturales de criterios entre sus integrantes. Sin embargo, contiene normas impuestas por un conflicto armado de 36 años. Por ejemplo, el artículo 244 dice que el ejército es el encargado de la seguridad interior y exterior, dejando a la Policía Nacional Civil fuera de su misión. Hay muchas cosas que reformar –dijo Pablo Pérez.
–¿Y los pueblos indígenas son protegidos en sus derechos en vuestra Constitución Política? –preguntó Francisco Ajpwaq Chang.
–Dan la apariencia de que sí, pero se debe redactar una ley ordinaria que regule y cumpla esos derechos. Es el artículo 70, y no lo han querido aprobar desde 1985, cuando se promulgó la Constitución y entró en vigencia en 1986. Se necesita una Constitución Plurinacional que proteja a los cuatro pueblos que existen en Guatemala. La Colonia que nos esclavizó primero y luego nos trató como ciudadanos de segunda categoría sigue con otras vestiduras o leyes. Por eso necesitamos el apoyo de China y buscamos esa relación a través de Francisco Ajpwaq Chang, ya que no tenemos una embajada china en Guatemala –contestó Cristóbal Cojtí.
–¿Y si me hago abogado y aprendo de leyes… podría ayudar a los pueblos indígenas de Guatemala? –preguntó Pedro Mei.
–En todas las profesiones hay de todo, pero la de abogado sería vital para nosotros, Pedro Mei. Tenemos nuestros Consejos de Ancianos e impartimos justicia en nuestras comunidades, pero la Constitución Política prohíbe esa forma y nos obliga a someternos a la Corte Suprema de Justicia o a la justicia heredada de la Colonia. Si te tenemos como abogado, sería maravilloso para nuestros pueblos. A los abogados y demás personas que crean puentes de unidad, les llamamos seres de miel –replicó Cristóbal Cojtí.
–¿Quiénes son los seres de miel? –interrogó Pedro Mei.
–Nuestro libro sagrado, el Popol Wuj, dice que el ser humano primero fue creado de barro y no funcionó; luego de madera, bejuco y cibaque, y tampoco funcionó; hasta que se hizo de maíz, y esos somos nosotros. Pero ahora vendrán los seres de miel, y esos seres son ustedes: las personas que nos unirán con otros pueblos y buscarán el florecimiento del Pueblo Maya y Xinka, y también del Garífuna, que lamentablemente muchos han tenido que emigrar a Nueva York –añadió Cristóbal Cojtí.
–Esta reunión ha sido maravillosa –agregó María–. Hemos subido muchas gradas de la pirámide de la unidad de los pueblos de Guatemala, y la unidad de estos pueblos con China podría ser el objetivo de la reunión del próximo sábado. ¿Les parece?
–¡Claro que sí! –exclamaron todos.
Los abrazos conectaban las mentes y los corazones del grupo. Saber que se reunirían nuevamente el próximo sábado creaba esperanza. Se debía aplicar el principio chino de la paciencia durante siete días. La semilla de la esperanza crecía en el ser del grupo. ¿Amanecería un camino para los pueblos indígenas de Guatemala hacia el crecimiento y desarrollo, al unificar esfuerzos con China?
–¡Claro que sí! –dijeron al unísono María y Marcelo–. Los esperamos. Démonos un abrazo por esta plática que nos está acercando. ¡Hasta el próximo sábado!
–Esta reunión ha sido maravillosa –agregó María–. Hemos subido muchas gradas de la pirámide de la unidad de los pueblos de Guatemala, y la unidad de estos pueblos con China podría ser el objetivo de la reunión del próximo sábado. ¿Les parece?
–¡Claro que sí! –exclamaron todos.
Los abrazos conectaban las mentes y los corazones del grupo. Saber que se reunirían nuevamente el próximo sábado creaba esperanza. Se debía aplicar el principio chino de la paciencia durante siete días. La semilla de la esperanza crecía en el ser del grupo. ¿Amanecería un camino para los pueblos indígenas de Guatemala hacia el crecimiento y desarrollo, al unificar esfuerzos con China?
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