Cuando la edad te permite ser como el buen vino que se conserva, cuando te das cuenta que el tiempo te vuelve obsceno para amar. Es el momento justo, cuando ser adulto te vuelve, al mismo tiempo libre para entregarte con insolencia y sin miedo. Te vuelves el caballero que aman con la experiencia de la Biblia, según el Cantar de los cantares, o el Kama Sutra desobligado -en contubernio- con tu amante. Fascinado por los humores y sabores que emite toda ella, llena de gracia, la que se pinta sincera y desnuda, con brillo en sus ojos y humedad en sus labios…

Cuando al parecer te faltan municiones, físico y calorías, tu edad adulta, echa mano de sus reservas y mantiene erguida y en guardia, el deseo de amar como no te lo permitiste toda una vida.

A tu espalda murmuran: «viejo perverso, asalta cunas, irreverente, loco enamorado de la vida, las mujeres y los sueños imposibles. ¿Cómo puedes pretender ser el perfecto amante?».

Más, la edad te permite ser como el buen vino que se conserva, y te das cuenta que el tiempo te vuelve obsceno amando. Eres un adulto mayor, sin usar peluquín ni tinte en el cabello. Eres aún, un hombre con Alma grande.

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